
Luz constructiva, 2026
Tubos pixel LED, madera, acrílicos rojo y azul, placas esp32, hidroesmalte.
Intervención site-specific en el Ingreso del Centro Cultural Borges
2026
Sobre la inslatación
Luz Constructiva es una instalación espacial que se expande a lo largo de todo el sector de ingreso del Centro Cultural Borges. Es una obra específicamente desarrollada para ese espacio, donde cada elemento funciona como parte de una composición geométrica integral.
En este proyecto me concentré especialmente en trabajar la luz desde un lugar escultórico. Los tubos de luz no funcionan solo como elementos que iluminan, sino como líneas geométricas dentro de la composición.
En la obra están presentes el color luz, el color pigmento y el color sustractivo. El color luz aparece en los tubos de pixel LED, el color pigmento en los volúmenes tridimensionales y en los círculos pintados, y el color sustractivo en los acrílicos semitransparentes azul, rojo y naranja que actúan como filtros y producen sombras de color. Todos estos elementos se articulan como un sistema de relaciones que se expande por todo el ingreso, sin un inicio ni un final claramente delimitado.
Algo central en esta obra es la idea de sistema relacional. Me interesa construir un entorno dinámico donde las formas, los colores y la luz se repiten, se conectan y dialogan entre sí. El color luz, el color pigmento y el color sustractivo funcionan como ejes estructurales de la obra.
La instalación es también una instancia de experimentación y de toma de riesgos, tanto por la escala como por el uso de recursos que hasta ahora había explorado solo parcialmente.
Es una obra pensada para ser recorrida por el espectador y para que ellos mismos encuentren nuevos vínculos entre la propuesta y el espacio que la abraza.
Aspecto urbano de la propuesta
Uno de los ejes centrales de esta intervención site-specific en el ingreso del Centro Cultural Borges es su dimensión urbana.
Al referirme a lo urbano, pienso en aquellas obras emplazadas en espacios de circulación pública, donde existe un contacto directo con un público amplio, diverso y no especializado, compuesto por personas con intereses, recorridos y bagajes culturales muy distintos.
Si bien la obra se desarrolla en un espacio interior, el ingreso del Centro Cultural Borges es un lugar de tránsito constante, habitado tanto por personas vinculadas a actividades culturales e institucionales como por visitantes ocasionales. A su vez, la instalación mantiene una relación directa con el exterior a través de las vidrieras transparentes, lo que habilita un diálogo con quienes circulan por fuera del edificio, personas que no necesariamente ingresan al centro cultural y que provienen de contextos y experiencias muy diversas.
En este marco, me interesó trabajar con geometrías universales como la línea, el círculo, las formas piramidales y cilíndricas, entendidas como elementos básicos y reconocibles por cualquier persona, más allá de su formación o conocimiento previo en arte. La intención es que cada espectador pueda establecer su propio sistema de relaciones a partir de estas formas, construyendo una experiencia personal frente a la obra.
También fue fundamental que desde el exterior se perciba el uso de filtros cromáticos, presentes tanto en los acrílicos semitransparentes de la instalación como en los vinilos aplicados sobre los vidrios. De este modo, la obra no se limita al espacio interior, sino que se proyecta visualmente hacia la calle, extendiendo su presencia y su campo perceptivo.
Este enfoque retoma, de manera contemporánea, la idea del Universalismo Constructivo de Joaquín Torres García, en tanto propone un lenguaje visual basado en formas esenciales, capaces de ser comprendidas y activadas por cualquier persona.
La obra no busca imponer un significado único, sino habilitar múltiples lecturas a partir de un vocabulario formal compartido, reforzando su condición urbana, abierta y relacional.
Aspecto urbano de la propuesta
Uno de los ejes centrales de esta intervención site-specific en el ingreso del Centro Cultural Borges es su dimensión urbana.
Al referirme a lo urbano, pienso en aquellas obras emplazadas en espacios de circulación pública, donde existe un contacto directo con un público amplio, diverso y no especializado, compuesto por personas con intereses, recorridos y bagajes culturales muy distintos.
Si bien la obra se desarrolla en un espacio interior, el ingreso del Centro Cultural Borges es un lugar de tránsito constante, habitado tanto por personas vinculadas a actividades culturales e institucionales como por visitantes ocasionales. A su vez, la instalación mantiene una relación directa con el exterior a través de las vidrieras transparentes, lo que habilita un diálogo con quienes circulan por fuera del edificio, personas que no necesariamente ingresan al centro cultural y que provienen de contextos y experiencias muy diversas.
En este marco, me interesó trabajar con geometrías universales como la línea, el círculo, las formas piramidales y cilíndricas, entendidas como elementos básicos y reconocibles por cualquier persona, más allá de su formación o conocimiento previo en arte. La intención es que cada espectador pueda establecer su propio sistema de relaciones a partir de estas formas, construyendo una experiencia personal frente a la obra.
También fue fundamental que desde el exterior se perciba el uso de filtros cromáticos, presentes tanto en los acrílicos semitransparentes de la instalación como en los vinilos aplicados sobre los vidrios. De este modo, la obra no se limita al espacio interior, sino que se proyecta visualmente hacia la calle, extendiendo su presencia y su campo perceptivo.
Este enfoque retoma, de manera contemporánea, la idea del Universalismo Constructivo de Joaquín Torres García, en tanto propone un lenguaje visual basado en formas esenciales, capaces de ser comprendidas y activadas por cualquier persona.
La obra no busca imponer un significado único, sino habilitar múltiples lecturas a partir de un vocabulario formal compartido, reforzando su condición urbana, abierta y relacional.
Referentes y movimientos relacionados
Constructivismo Ruso (Rusia, ca. 1920)
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Origen: Movimiento artístico vanguardista surgido en Rusia a inicios de la década de 1920, tras la Revolución de 1917. Se propuso revolucionar el arte para alinearlo con la nueva sociedad soviética.
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Exponentes: Fundado por artistas como Vladimir Tatlin y Alekséi Gan; otras figuras claves incluyen a Aleksandr Ródchenko, Liubov Popova, Varvara Stepanova y El Lissitzky, entre otros.
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Principios: En lugar del arte “de caballete” tradicional, promovía la construcción de objetos abstractos y utilitarios. Buscaba formas geométricas puras y una estética funcional, concebida “científicamente” para servir a la vida cotidiana comunal. El arte debía integrarse a la industria, la arquitectura, el diseño gráfico y utilitario, abandonando la representación figurativa.
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Innovación: Empleó materiales modernos (madera, metal, vidrio, etc.) y técnicas industriales. Los constructivistas declararon “guerra al arte” tradicional, sustituyendo la expresión individual por el diseño objetivo; concibieron al artista como un ingeniero social. Su legado sentó las bases del diseño gráfico moderno, el montaje arquitectónico y el arte abstracto con propósito social, denominado por ellos arte productivo.
Arte Concreto (Europa y América, desde 1930)
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Origen del término: En 1930 el holandés Theo van Doesburg acuñó el término Arte Concreto al fundar el grupo Art Concret en París. Rechazaba las imágenes figurativas e incluso la “abstracción” subjetiva, aspirando a crear obras autónomas con formas geométricas puras consideradas universales.
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Principios: “Nada es más concreto o real que una línea, un color, una superficie” declaraban; la pintura no debe simbolizar nada fuera de sí misma. Esta corriente abogaba por un arte objetivo, sin representaciones ni metáforas, construido con elementos plásticos básicos (planos de color, líneas, formas elementales) dispuestos de manera ordenada y autosuficiente.
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Exponentes: El suizo Max Bill fue uno de sus máximos exponentes, organizando la primera exposición internacional de arte concreto en Basilea (1944). Artistas de la talla de Piet Mondrian, Carol Rama, Anton Pevsner o Sophie Taeuber-Arp también exploraron esta estética. En Latinoamérica influyó directamente en jóvenes creadores argentinos y brasileños (Bill mantuvo contacto con Tomás Maldonado y expuso en São Paulo en 1951, impactando la escena local).
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Desarrollo: Durante los años 1940–50, el Arte Concreto inspiró grupos en Argentina, Uruguay, Brasil y Venezuela. Su legado se entrelaza con movimientos como el Concretismo brasileño y el arte óptico y cinético, siempre manteniendo la premisa de que la obra de arte es un objeto real y autosuficiente, no la representación de otro objeto.
Universalismo Constructivo (Torres-García, años 1930-40)
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Origen: Corriente estética creada por el uruguayo Joaquín Torres-García tras su regreso a Montevideo en 1934. Culminó en la publicación de su libro Universalismo Constructivo (1944), donde recopiló 150 conferencias desarrollando su doctrina artística.
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Ideario: Torres-García propuso una síntesis entre la estética geométrica del constructivismo europeo y los símbolos de las culturas precolombinas de América. Buscaba un lenguaje visual universal basado en la estructura geométrica (grillas ortogonales, proporción áurea) combinado con signos e ideogramas atemporales.
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Rasgos: En su concepción, la estructura (orden geométrico, leyes de equilibrio) y el símbolo (formas sencillas con significado universal) prevalecen sobre la expresión subjetiva. Planteó que el arte debía revelar un orden cósmico y espiritual subyacente, uniendo la LEY (estructura racional) con la VIDA (expresión humana) en armonía.
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Exponentes y legado: Además de Torres-García –quien fundó el Taller Torres-García y la Asociación de Arte Constructivo en Montevideo–, formó discípulos en Uruguay y repercutió en artistas concretos de toda Latinoamérica. Su “Escuela del Sur” propuso que América Latina desarrollara un arte moderno propio, global pero enraizado en lo autóctono, influencia visible en movimientos abstractos posteriores en la región.
Arte Concreto-Invención (Argentina, 1945)
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Contexto: A mediados de los 40 surgió en Buenos Aires la Asociación Arte Concreto-Invención (AACI), primer grupo de arte concreto en Argentina. Oficialmente formado en 1945, tuvo como fundadores a jóvenes artistas como Tomás Maldonado, Lidy Prati, Alfredo Hlito, Raúl Lozza, Enio Iommi, Manuel Espinosa y Juan Melé, entre otros.
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Principios: Proponían por primera vez en Argentina un arte totalmente no-figurativo, objetivo y universal, distinto de la pintura simbólica o expresionista tradicional. Llamaban “invenciones” a sus obras, enfatizando que no eran meras composiciones sino objetos concretos capaces de generar una nueva realidad visual. Su postura tenía un trasfondo utópico-político: creían que el arte concreto podía incidir en una sociedad más racional y justa, sintonizando con ideas del marxismo (Maldonado, su líder teórico, era marxista).
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Características: Las obras de Arte Concreto-Invención eliminaban todo ilusionismo espacial. Algunos artistas, como Lozza, llegaron a suprimir el marco: componían elementos geométricos separados directamente sobre la pared, integrando la obra al espacio real del espectador. Otros exploraron el marco recortado (formas no rectangulares del bastidor) para romper con la “ventana” tradicional de la pintura. En todos los casos usaron formas geométricas precisas, colores planos y títulos númericos o neutros, reforzando la objetividad de la obra.
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Legado: Aunque de vida breve (se disolvió hacia 1948), este grupo dejó una huella profunda. Sus miembros difundieron sus ideas en la revista Arte Concreto, sus exposiciones y su manifiesto. En 1946 atrajeron la atención del artista concreto suizo Max Bill, conectando la escena argentina con la vanguardia internacional. Tras la escisión, Raúl Lozza fundó luego Perceptismo (teorizando sobre la percepción visual pura) y otros siguieron caminos ligados al diseño industrial, la docencia y el arte abstracto en el mundo.
Movimiento Madí (Argentina/Uruguay, desde 1946)
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Origen: Nacido formalmente en Buenos Aires en 1946 con la publicación de su Manifiesto Madí (lectura pública en agosto de 1946), el Arte Madí fue un movimiento de vanguardia liderado por Gyula Kosice (de origen húngaro-argentino), Carmelo Arden Quin (uruguayo) y Rhod Rothfuss (uruguayo). Estos artistas habían colaborado inicialmente en Arturo, revista pionera de la abstracción en 1944, y luego tomaron rumbo independiente formando el grupo Madí.
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Principios e identidad: Madí se caracterizó por una aproximación lúdica y experimental a la abstracción geométrica. Su premisa central: la obra de arte no representa nada fuera de sí (continúa la noción de arte concreto autónomo), y además puede expandirse en nuevas dimensiones. Rechazaron el marco ortogonal tradicional, utilizando bastidores recortados de siluetas irregulares para dar forma propia al soporte de la pintura. También incursionaron en formas tridimensionales y cinéticas: relieves móviles, esculturas articuladas e incluso agua y luz en movimiento en algunas obras de Kosice.
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Recursos formales: Emplearon colores planos brillantes y formas geométricas básicas (círculos, polígonos) combinadas de maneras no convencionales. Introdujeron la idea de la forma-corte (cada obra podía tener un perímetro único). Asimismo, integraron movimiento real o virtual en las piezas, inspirándose en juguetes articulados y experimentos cinéticos de la época. Esta combinación de rigor geométrico con juego dio a sus obras un carácter dinámico.
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Difusión y legado: Aunque el grupo Madí se fracturó internamente en 1948, tuvo amplia proyección internacional. Arden Quin llevó el Madí a París, fundando allí un centro de estudios madistas e irradiando sus ideas en Europa. El movimiento Madí, cincuenta años después, seguía activo con artistas en América y Europa. Su legado se reconoce en la liberación del formato artístico, la integración arte-vida (objetos transformables, juegos visuales) y la inspiración a corrientes posteriores de arte cinético y participación del espectador.
Perceptismo en Argentina (1947)
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Origen y exponentes: Surge en 1947 como escisión de la Asociación Arte Concreto-Invención. Fue liderado por Raúl Lozza junto a sus hermanos Rembrandt y Rafael Lozza, con la colaboración del teórico Abraham Haber. El grupo se definió en abierta oposición al arte figurativo tradicional, proclamando al Perceptismo como “la etapa superior y más avanzada de la pintura” de su tiempo.
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Fundamentos teóricos: Plantea una renovación radical basada en la participación dinámica del observador en la obra (el espectador asume una “actitud activa” en la percepción estética). Lozza propuso principios propios inspirados en la ciencia, destacando tres conceptos clave: la estructura abierta (composición regida por fuerzas centrífugas que definen las formas), la cualimetría de la forma plana (sistema de ajuste cuantitativo de la unidad forma-color) y el campo colorido (el espacio físico del muro incorporado como parte de la obra). Estos fundamentos buscaban unificar forma y color de manera objetiva y reproducible, otorgando a la pintura una base “precisa” y alejada de todo ilusionismo.
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Características estéticas: Las obras perceptistas son abstracciones geométricas de colores planos, concebidas sin marco y directamente sobre la pared. Las formas cromáticas flotan en el muro real –considerado un “fragmento” del cuadro–, integrándolo activamente al diseño compositivo. Se alcanza así la “realidad del plano-color”, es decir, la fusión indisoluble de forma y color en un mismo plano real, resolviendo el problema figura-fondo de la pintura tradicional. Esta integración pictórica con el soporte arquitectónico conduce a un arte ambiental, pensado para incorporarse a espacios cotidianos y no solo a museos. En palabras de Haber, el Perceptismo aspiraba a “un arte de ‘ambiente’ que debe acompañar al hombre en su centro cotidiano… y no en el escape de la sala de museo”.
Arquitectura Brutalista (Arquitectura, 1950–1970)
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Origen: Estilo arquitectónico surgido a mediados del siglo XX (popularidad entre los 1950s-70s), inicialmente en el Reino Unido y posteriormente a nivel internacional. Tiene raíces en la obra tardía de Le Corbusier (quien empleó béton brut o concreto crudo en la Unité d’Habitation de 1947-52). El término New Brutalism fue acuñado en 1953 por la arquitecta Alison Smithson para describir un proyecto de vivienda de estética cruda en Londres.
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Principales exponentes: En el Reino Unido, el matrimonio Alison y Peter Smithson quienes fueron pioneros en lo teórico y práctico del brutalismo (ej. Escuela de Hunstanton, 1954). También destacan arquitectos como Denys Lasdun (Teatro Nacional de Londres), Ernő Goldfinger (Trellick Tower, Londres), Paul Rudolph (Yale Art and Architecture Building, EE. UU.) o Marcel Breuer (Whitney Museum en Nueva York), entre otros. Sus obras definieron la estética brutalista en diversos países.
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Características: La arquitectura brutalista se identifica por el uso de materiales expuestos en estado bruto, en especial el hormigón armado visto (de ahí el término “brutalismo”, por béton brut). Presenta formas masivas y geométricas de gran escala, frecuentemente con volúmenes angulares, bloques monolíticos y siluetas imponentes. Las superficies suelen mostrar texturas rústicas (marca de los encofrados de madera en el concreto) y contrastes de materiales.
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Ideario funcional: Los brutalistas enfatizaban la honestidad estructural y la funcionalidad. Es usual que se perciba en su exterior la estructura y las instalaciones del edificio (vigas, columnas, ductos de ventilación a la vista) como parte de su diseño. Rechazaban ornamentos superfluos, logrando una estética austera pero expresiva que transmite fuerza y sinceridad material. Muchos edificios brutalistas fueron proyectos públicos (viviendas, universidades, centros cívicos) buscando una expresión arquitectónica democrática, aunque su estilo robusto también generó controversia y críticas con el tiempo.
Conexiones con mi obra
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Geometría como lenguaje autónomo: En esta obra concibo la geometría como un lenguaje visual autosuficiente, sin narración externa. Esto se alinea con la premisa del arte concreto y constructivo de que la obra “es y no representa” nada fuera de sí misma. Al igual que los constructivistas rusos y los concretos, empleo formas puras (líneas, planos, colores y luz coloreada plena) que tienen valor estético por sí mismos, creando un sistema autónomo de relaciones visuales.
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Expansión más allá del cuadro: Mis piezas trascienden el formato tradicional del cuadro rectangular, dialogando con la búsqueda de los movimientos Madí y Arte Concreto-Invención de romper el marco ortogonal. Por ejemplo, incorporo estructuras geométricas que se proyectan en el espacio o configuraciones modulares fuera de un bastidor convencional, resonando con las “invenciones” de arte concreto que colocaban elementos directamente sobre la pared. Esta expansión espacial propone a una percepción más activa del espectador, en sintonía con el Perceptismo de Raúl Lozza, donde la obra coexiste con el espacio real del observador. Además, en esta instalación el espectador se ve imposibilitado de encontrar un principio o final de la obra, es decir que su recorrido no tiene inicio o un momento de concluir sino que es un continuo fluir.
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Materiales y tecnología actualizados: Una conexión tangible es el uso de materiales modernos como acrílico transparente y tubos de luz LED para actualizar los postulados de esos movimientos. Así como los constructivistas incorporaban materiales industriales novedosos en los años 20 y buscaban integrar el arte a los objetos cotidianos (“arte productivo”), yo empleo tecnologías contemporáneas de iluminación y polímeros para expandir las posibilidades plásticas de la geometría. Esta elección también se vincula con la ética brutalista de destacar la materialidad y la estructura: en mis obras, la luz y el acrílico se presentan de forma directa, sincera, enfatizando sus cualidades físicas (transparencia, brillo, color pleno y luminosidad), análogamente a cómo la arquitectura brutalista exaltaba las texturas y formas del concreto crudo. En suma, al utilizar estos medios actuales mantengo vivo el espíritu experimental de las vanguardias geométricas, conectando sus principios estéticos con el lenguaje y las herramientas del siglo XXI.
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Percepción activa del espacio: En Luz Constructiva retomo de manera directa algunos de los principios centrales del Perceptismo desarrollado por Raúl Lozza, en particular la idea de una percepción activa y dinámica por parte del espectador. El color no se presenta como un fenómeno fijo, sino como una condición en transformación constante, producto de la interacción entre luz, filtros y superficie. Los tubos de luz LED generan variaciones cromáticas sutiles que obligan a quien observa a mantenerse atento y a participar del fenómeno visual en tiempo real, entendiendo la percepción como un acto cognitivo y no pasivo. Asimismo, el espacio real es concebido como parte integral de la obra, todos los elementos geométricos se funden con la arquitectura circundante, retomando la noción Perceptista de arte ambiental. La obra busca integrar forma, color, espacio y espectador en una experiencia estética única, actualizando los postulados del Perceptismo de mediados del siglo XX a través de un lenguaje tecnológico contemporáneo.
Conclusiones
Luz Constructiva se presenta como una intervención espacial que investiga la dinámica del color en su triple condición: color luz, color pigmento y color sustractivo. La obra se despliega en una composición geométrica integral conformada por líneas, formas tridimensionales y círculos, que se expanden por todo el ingreso.
Cada elemento mantiene un vínculo formal, cromático y lumínico con el conjunto, generando un sistema de relaciones entre luces, planos y transparencias. Estos diálogos producen superposiciones, eclipses y modulaciones visuales a lo largo del recorrido.
La instalación funciona como un juego constructivo de líneas, formas y volúmenes, donde la luz y el color reestructuran el espacio y lo convierten en un entorno dinámico y relacional.












