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Serie 

Cielos de Marte

Fascinado por los atardeceres, en una ocasión leí una nota que mencionaba que los atardeceres en Marte serían contrarios a los nuestros. Ese dato despertó inmediatamente mi curiosidad. Según distintas investigaciones, debido a las características de la atmósfera marciana, los días se percibirían rojizos y los atardeceres azulados, exactamente lo opuesto a lo que observamos diariamente en la Tierra.

En nuestro planeta el cielo se ve azul debido a la densidad de la atmósfera. Las longitudes de onda más cortas, correspondientes al azul, se dispersan con mayor facilidad y eso hace que durante el día percibamos el firmamento en tonos celestes. Este fenómeno se conoce como dispersión de Rayleigh. Cuando el Sol se acerca al horizonte, la luz debe recorrer una mayor distancia en la atmósfera y las longitudes de onda azules se dispersan primero, dejando que las longitudes de onda más largas, las rojas, sean las que finalmente llegan a nuestros ojos y generen los atardeceres que conocemos.

En Marte, en cambio, una serie de condiciones modifica completamente este fenómeno. La gravedad es menor, la atmósfera es más delgada y está cargada de finas partículas de polvo. Estas partículas hacen que las longitudes de onda rojas se dispersen con mayor uniformidad. Como resultado, durante el día el cielo se percibe anaranjado o rojizo y, cerca del atardecer, aparecen tonalidades azuladas.

A partir de esta información científica comencé a imaginar cómo podrían verse esos cielos lejanos. De esa pregunta surgieron una serie de piezas lumínicas y fotografías realizadas con luz que intentan retratar esa atmósfera tan ajena y al mismo tiempo tan presente en el imaginario de la ciencia ficción.

Las obras funcionan como una forma de especulación visual sobre otros paisajes posibles. Si distintos círculos científicos proyectan la posibilidad de habitar otros planetas, desde el arte también podemos preguntarnos cómo se verían esos horizontes y qué tipo de experiencia tendría contemplar un cielo distinto al que conocemos.

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