En la búsqueda por crear su propio atardecer Gonzalo Maciel descubrió la posibilidad de generar un sinfín de sensaciones cromáticas a través del recurso plástico de la luz.

El eje transversal en sus trabajos está dado por el empleo de las leyes de la física de la luz para componer su paleta de colores; la utilización de fenómenos ópticos para potenciar la estimulación cromática, y la inspiración en el atardecer como elemento retórico.

Su propuesta artística intenta desconectar al espectador de su contexto inmediato a través de obras intimistas. El color juega un papel preponderante al invadir físicamente el espacio produciendo un efecto de inmersión y también hipnótico.